• David Boix

Ansiedemia y Apoydemia



Enero de 2021, año II de la Pandemia. Son las 7:30 de la mañana y tengo la ¿mala? idea de mirar los periódicos en el móvil. Hace tiempo que las noticias parecen-más que nunca-el museo de los horrores. Necesito saber qué está pasando pero al mismo tiempo me siento infoxicado. El monotema del virus lo abarca casi todo, no solo infecta los cuerpos sino también la información, las conversaciones y gran parte de los pensamientos y sentimientos.


Caminando por la mañana observo la siguiente escena: un abuelo lleva a su nieto de la mano, están cerca del colegio, el niño quiere irse a jugar con un grupo de niños pero su abuelo le dice que hay demasiada gente allí y que espere con él. El temor flota en el aire, casi se puede tocar. Me invade cierta tristeza, una muy parecida a la misma que siento cuando veo los parques precintados o a los niños saludarse con distancia conteniendo su natural efusividad. El virus está coartando la espontaneidad infantil, me preocupa. Los síntomas emocionales cada vez son más patentes.


Estamos viviendo tiempos complicados proclives a la incertidumbre y el miedo ¿Qué va a pasar? ¿Puedo enfermar? ¿La gente que quiero se va a contagiar?

Y también estamos enfrentados a muchas frustraciones: las restricciones del contacto social, de los horarios, de las nuevas normas, etc.

La combinación de miedo y frustración son perfectas para el coctel de la neurosis.


Hemos renunciado a gran parte de nuestra vida social y familiar, hemos cubierto gran parte de nuestra cara. Los ojos se han convertido en los indiscutibles protagonistas del rostro. Los representantes de nuestro estado interior. Ojos que muestran temor o que sonríen, ojos enfadados, ojos tiernos.

Los apretones de manos o los dos besos, tan españoles, ya no suenan en los encuentros. Se han sustituido por choques de puños o de codos, a veces inseguros o tímidos. Hemos creado nuevas formas de hacerlo con las que nos sentimos raros como tratando de chapurrear un idioma que apenas conocemos, pero al menos seguimos tocándonos de alguna manera, seguimos en contacto. Necesitamos seguir haciéndolo.


He crecido con diversas amenazas flotando en el ambiente a lo largo de mi vida: como la amenaza de la destrucción nuclear por la Guerra Fría, los terrorismos, el Sida y el Calentamiento Global que podría llevarse por delante a nuestra especie. Curiosamente la pandemia ha eclipsado este otro gran peligro, el que más en riesgo pone nuestra supervivencia, y sin embargo es curioso que jamás se le haya prestado tanta atención ni concedido tanta importancia a la destrucción del Planeta como a la Pandemia.

Pero todas estas amenazas parecían en cierto modo lejanas, de vez en cuando asomaban con más intensidad pero se volvían a retirar a un segundo plano. Por el contrario la pandemia se ha convertido en una muy cercana, demasiado en ocasiones. Una mancha que se ha ido extendiendo y acercándose cada vez más, desde otros países al nuestro, desde personas anónimas a conocidas: amigos, familiares, pacientes, etc. El círculo se estrecha, quién será el siguiente, podría ser mi propia familia, podría ser yo.


A la primera ola le han ido siguiendo otras nuevas, las veo acercarse y retirarse desde la orilla, pensando si esta vez me van a mojar o nos va a sobrepasar un Tsunami.


La ansiedad la sentimos cada unx en nuestros cuerpos y también está presente en nuestros pensamientos pero en el fondo nos pertenece a todxs. Más que ansiedad se ha convertido en ansiedad pandémica, en Ansiedemia. Una especie de clima emocional social que nos envuelve. Una emergencia de los sentimientos, un estado emocional excepcional.

Esta es una crisis sanitaria que conlleva una crisis emocional ¿Cuál será el coste? Qué cicatriz nos dejará la herida de esta gran incertidumbre, de esta ansiedad social, de esta Ansiedemia.


¿Y qué podemos hacer? ¿hay algo que podamos hacer? Me pregunto, te pregunto y nos pregunto. Para tratar de buscar alguna respuesta primero necesito buscar en lo que conozco, algún punto de soporte que proporcione algo de seguridad. Voy a tirar de tópicos, aunque no me gusten demasiado, no por recurrentes son menos ciertos. Una crisis es una oportunidad. Una ruptura ofrece la oportunidad de reparar lo que se quiebra, de rehacerlo, transformarlo, de cambiar.


Y también me apoyo en los conceptos teóricos sobre la ansiedad. He comprobado que resultan de ayuda tanto en la sesiones de terapia como en cualquier otra situación de la vida.

Como dije en otra entrada anterior la ansiedad es considerada desde la Terapia Gestalt como excitación sin apoyo. Lo que se puede traducir como una experiencia donde falta el otro, de algún modo, una experiencia de soledad en mayor o menor medida.


Esta situación de pandemia nos ha hecho más consciente, o eso espero, de lo necesarios que somos los unos para los otros y de lo que dependemos mutuamente. Tus acciones me repercuten y las mías a ti. En la medida que te cuido y te protejo estoy protegiendo tu vida y la vida en general. En la medida en que yo me cuido estoy protegiendo a los demás y viceversa. Necesitamos sobrellevar esta situación difícil buscando aquello que nos permita resistir. La Ansiedad surge cuando sentimos que no tenemos apoyo. Tenemos que encontrar el apoyo en las personas, actividades o cosas que nos proporcionan oxígeno y más bienestar. También ser un punto de apoyo. Tenemos que darnos cosas buenas que nos hagan sentir bien a nosotros mismos y los unos a los otros.


Creo que podríamos sostenernos creando una red en la que sentirnos más acompañados y unidos. Como un lugar y un espacio en donde nos podamos dar ánimo, calor y refugio en esta tormenta. También espero que pueda servirnos para cuando salga el sol porque aunque superemos esta situación, como sociedad tenemos otras necesidades urgentes que resolver: el cambio climático, las desigualdades, etc. Por ejemplo muchos expertos aseguran que si continúa la deforestación y la extinción de especies nuevos virus y pandemias ocurrirán.

Y no lo vamos a poder hacer solo, necesitamos apoyarnos mutuamente para poder prosperar y poder tener un futuro como especie y sociedad. Creo que uno de los remedios para esta Ansiedemia es una buena dosis de apoyo mutuo generalizado, una Apoydemia. Su transmisión y los síntomas serían sin duda beneficiosos.


Ojalá todo lo que está sucediendo nos sirva para que nos contagiemos de responsabilidad, sensibilidad, colaboración, apoyo y esperanza y no haya vacuna.

Que todo esto nos haga reflexionar y cambiar. Esta Ansiedemia es una invitación para usar nuestras posibilidades creativas y poder superarla. Hallar nuevas formas y maneras. Trans-formar.

La creatividad articula las posibilidades de lo que ya está ahí, de lo preexistente, con la imaginación que puede ir más allá y ver algo diferente a través de la acción y la transformación. La creatividad trabaja entre lo ideal y lo posible, entre lo viejo y lo nuevo, entre lo que tenemos y lo que podemos hacer con ello, entre la potencia y el acto. Entre lo que hay y lo que está por llegar.


Imaginar es condición necesaria aunque no suficiente para ello. A nuestro deseo e imaginación tenemos que añadir una dosis de decisión y valor para pasar a la acción que permita la transformación. Si las acciones son las adecuadas y se ajustan a la necesidad lograremos la satisfacción.



Foto: Cayetano Navarro


El 24 de febrero de 2020 mi amigo y artista Cayetano Navarro se encontraba en Islandia. Pudo ver en la nieve callada la posibilidad de hacerla hablar para transmitir un mensaje. Pensó en una idea para colaborar con el entorno y hacer algo juntas. Estuvo caminando durante un par de horas para formar la palabra Hope (esperanza en inglés) con sus pisadas. Lo que me gusta de esta historia es que tiene que ver con hacer la esperanza, con crearla, con convertir un deseo en realidad a través de un bello acto.


Deseo, decisión, creación, acción, eso espero.


David Boix García








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